Hoy venimos a hablar de robots e inteligencia artificial.
Pero también de personas. De cuidado, de rutina, de compañía. De lo que ocurre cuando una tecnología entra en espacios tan sensibles como la salud o el acompañamiento.
Durante mucho tiempo, la gran pregunta fue si las personas mayores aceptarían interactuar con un robot social. Y era una duda razonable. Pero la investigación empieza a mover el foco hacia otro lugar: no solo importa si esa interacción ocurre, sino qué efecto puede tener en el bienestar cotidiano. Un meta-análisis reciente apunta precisamente a eso: los robots sociales con IA pueden ayudar a reducir la soledad en personas mayores, con resultados especialmente relevantes en entornos de cuidado. [Mehrabi y Ghezelbash, 2025, The Gerontologist]
La evidencia no se queda ahí. Otra revisión sistemática, señala que estos robots también pueden favorecer la actividad física, mejorar la adherencia al ejercicio y aumentar la participación en distintas dinámicas de intervención, tanto en residencias como en rehabilitación, centros comunitarios o domicilio. [Shen et al., 2025, Journal of Sport and Health Science]
Eso no significa que la tecnología resuelva por sí sola un problema tan complejo como la soledad o el cuidado. Pero sí sugiere algo importante: cuando está bien diseñada y tiene un propósito claro, puede convertirse en una herramienta útil para activar rutinas, estimular la interacción y ampliar el alcance del acompañamiento.
Quizá, en el fondo, la conversación más interesante no sea si un robot puede sustituir a una persona. Quizá la pregunta sea otra: cómo usamos la tecnología para cuidar mejor, sin perder de vista lo más humano del cuidado.
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Noticia enviada por Inrobics